Gestionar una comunidad de propietarios no es tarea fácil, ya que es muy difícil actuar al gusto de todos. Los administradores de fincas suelen ser personas muy cualificadas y sometidas a constantes quejas y reclamaciones. No obstante, muchas veces aparecen problemas cuando estos profesionales no actúan como debiesen.

Cuando hay que suprimir gastos en las cuentas de la comunidad, siempre salta una voz en la reunión de vecinos que dice: ¡El administrador! ¡Ese cobra mucho y hace poco! Aunque es una concepción muy común entre los propietarios, es errónea, ya que este profesional cuenta con una formación universitaria y una cualificación óptima para desarrollar correctamente la administración y el correcto funcionamiento del edificio. La organización de la junta de vecinos, las reparaciones, los gastos, la gestión de los presupuestos, la contratación de personal o el cobro de morosos son, entre otras, las funciones que desempeñan los administradores de fincas.

Los administradores de fincas suelen salir a la palestra con mucha frecuencia cuando los vecinos ven que la gestión de la comunidad no es tan ideal como pensaban, achacando a su trabajo. Esa fama procede de la mala praxis que en los últimos años algunos profesionales han desarrollado, ensuciando el nombre de otros que acometen correctamente sus funciones.

El objetivo de los administradores de fincas no debe ser caer bien a los vecinos, sino saber solventar de forma correcta y eficaz cualquier problema que pudiese aparecer. Entre las quejas más comunes de las que se le acusa al administrador de fincas reseñamos:

  • Excesivo cobro de honorarios: Estos son libres, y aunque los colegios profesionales establecen unos baremos orientativos, muy pocos los siguen. Lo que abona cada comunidad de propietarios irá en relación a los servicios recibidos. Otra de las acusaciones más comunes es su estrecha relación con el Presidente o la Junta Rectora, la cual suele estar siempre relacionada con una manipulación de los fondos públicos en su beneficio personal.
  • Desatención de los problemas comunitarios: El administrador de fincas puede desarrollar una gestión eficiente, aunque su trabajo dependerá de terceros, es decir, profesionales encargados de resolver problemas puntuales (albañiles, fontaneros, antenistas, cerrajeros, etc.). El objetivo de los administradores de fincas será buscar a los mejores profesionales, que trabajen de forma rápida y eficaz, y que tengan unos honorarios bajos. Si estos profesionales acometen mal su trabajo las quejas irán a parar directamente al administrador.
  • Mala gestión: Muchos son los propietarios que exigen a los administradores de fincas determinadas documentaciones (pólizas de seguro, contratos de servicios comunitarios, etc.). Otro problema latente es cuando el administrador suele actuar de forma corrupta y asignar los puestos de trabajo de la comunidad en función de sus propios intereses, bien para obtener beneficios económicos o bien para dar trabajo a familiares o amigos.
  • Cuestiones económicas/laborales: Entre ellas destacamos: cuotas anuales mal planteadas, emisión de recibos domiciliarios sin fecha fija, ocultación la morosidad, pagos duplicados, sanciones de la Seguridad Social o mala gestión de los contratos, entre otras.
  • Desfalco de los fondos comunitarios: Cuando el administrador trabaja con una única cuenta (cobra y paga desde una cuenta que está a su nombre) puede existir el riesgo de desfalco, ya que él será poseedor de las cuotas ordinarias y extraordinarias que abonan los vecinos. Para evitar problemas, lo ideal sería que el administrador abriese una cuenta individual a nombre de la comunidad con su rúbrica y las firmas mancomunadas de la Junta. ¿Cuándo se suele detectar este problema? Cuando el Presidente o algún vecino recibe quejas de los proveedores o trabajadores de la comunidad de que llevan tiempo sin cobrar sus servicios.

El 8% de las quejas de las comunidades de propietarios se centran en la mala gestión de los administradores de fincas. La única herramienta con la cuenta el profesional será su honradez y la transparencia de cada acción que desarrolle, con la intención de que los vecinos tuviesen a su libre disposición todas las informaciones que él custodia. Cualquier conducta sospechosa del administrador de fincas deberá ponerse en conocimiento del colegio de  administradores de fincas correspondiente, siendo la segunda opción acudir a la Administración de Justicia.

La Ley de Propiedad Horizontal respalda la figura de los administradores de fincas, aunque cuando una comunidad de propietarios comienza a cuestionarse su confianza en el profesional contratado, lo mejor será cambiar para evitar futuros problemas.